Si has notado un exceso de rubor en tu cara con pequeñas burbujas similares a espinillas o acné, usaste de todo sin buenos resultados, puede que esta aparente erupción se trate de una lesión cutánea llamada rosácea. Descubre en este post qué es la rosácea, causas y cuidados, así como sus síntomas y tratamiento, entre otros datos que te pueden interesar. 

rostro de mujer con rosacea

¿Qué es la rosácea cutánea?

Puede definir la rosácea como un tipo de afectación en la piel de tipo inflamatorio, que aparece usualmente en la piel del rostro en forma de rojez exagerada y brusca, así como vasos sanguíneos visiblemente dilatados. 

Puede presentarse acompañada de pequeños bultos purulentos, y mantenerse por semanas, incluso meses, luego de lo cual desaparecen por un tiempo. En razón de ello, muchas personas confunden la rosácea con cuadros alérgicos, acné u otro tipo de lesión cutánea. 

No obstante, la rosácea obedece a un tipo de trastorno inflamatorio facial, cuya principal característica es la erupción cutánea. Su nombre clínico es cuperosis, telangiectasias, causante de una sensación de quemazón, ardor, burbujas de pus y granos en los pómulos, nariz, mentón y frente, principalmente.

Suele tratarse de una patología severa y frecuente en mujeres de mediana edad y piel clara, y en diversos grados de afectación. Sin embargo, no discrimina al hombre o féminas jóvenes, solo que ocurre en menor proporción. 

Se debe acotar, asimismo, que la rosácea hasta ahora no tiene cura, sin embargo, es perfectamente controlable, además que sus síntomas pueden mejorar significativamente con el tratamiento adecuado.

Tipos de rosácea

La rosácea, según su grado o impacto físico facial, puede clasificarse en 5 tipos. Pues no siempre progresa de la misma forma, ocasionalmente esta enfermedad puede aparecer en el estadio II o III de manera espontánea:

Diátesis rosácea: se trata de un tipo de rosácea eventual, con presencia de enrojecimiento puntual.

Estadío I o rosácea eritematosa/telangiectásica: se presenta en la cara con un enrojecimiento en la llamada zona T, frente, nariz y mejillas, y suele ser brusca. La piel se inflama y se torna sensible al tacto, hasta dolorosa con sensación de ardor de la zona.

Estadío II o rosácea pápulo/pustulosa: también enrojece la zona central del rostro, aunque con menor intensidad, además de ser similar al acné, con pequeños granos o brotes en las mejillas. La piel se evidencia grasosa y sensible, también duele y arde, pero con menor intensidad. 

Estadío III o rosácea fimatosa: el término fima en este caso, se refiere al engrosamiento por degeneración de la piel en general, debido al constante soporte de inflamaciones en la zona. Es común en quien ya padece alguno de los tipos de rosácea anteriores.

Asimismo, este tipo de rosácea es más frecuente en hombres, quienes desarrollan una piel tosca, con poros muy dilatados y vasos sanguíneos en forma de arañas. Suele ser brillante y graso en la superficie, y al tacto, la piel es rugosa y con una irregular fibrosis y con nódulos, especialmente en la nariz. 

Rosácea fulminante: este tipo de rosácea es el más brusco y frecuente en mujeres jóvenes, cuyo principal rasgo es la inflamación con pústulas y nódulos internos. Suele generalizarse en todo el rostro, dejando marcas permanentes. 

Al ser una rosácea muy difusa, no es posible establecer el límite entre esta y el acné, aunque un diagnóstico rápido y acertado, permite establecer el mejor tratamiento y mejorar su pronóstico a largo plazo.

Causas de la rosácea

Se debe señalar, que la rosácea no tiene un origen determinado, o más bien, hasta ahora no se ha precisado su causa. Todo lo que se conoce de ella es que tiene mayor incidencia en el sexo femenino, a una edad promedio entre 30 y 50 años.

De igual manera, se han determinado algunos factores capaces de promover su aparición o empeorar la condición existente. Y a pesar de ser 3 veces más común en mujeres, la rosácea en hombres suele ser mucho más grave. En la actualidad, las investigaciones apuntan a las siguientes posibles causas:

Herencia familiar

Como bien se indicó, las investigaciones sugieren que la rosácea responde en gran medida a antecedentes familiares. Aunque esta posibilidad de origen hereditario, todavía no se ha comprobado.

Infecciones cutáneas

Los estudios apuntan, además, que la rosácea puede relacionarse con el ácaro Demodex folliculorum, un usual invasor y colonizador de la piel del rostro. Y si la persona es propensa a la enfermedad, aparece en mayor número. 

Igual asociación ocurre con ciertas bacterias, como el caso de Helicobacter pylori, pero todavía no está claro su rol como ácaro.

Desorden inmunológico

La presencia de la rosácea, como otras lesiones del organismo, puede aparecer por alteración en las defensas celulares. Por lo cual la inflamación suele ser persistente en el tiempo, incluso, intensificarse en algunos momentos.

Exposición a la luz solar

La exposición solar por ultravioleta empeora los brotes de rosácea hasta un 30% en casi todos los casos, aunque la razón de ello todavía es desconocida. Lo ideal, en este caso, es usar protector solar en todo momento del día.

Aumento del sistema sanguíneo

Los vasos sanguíneos regulan el volumen de sangre que circula por la piel. Cuando aparece la rosácea, ocurre una vasodilatación vascular que desordena su flujo, especialmente se desencadena la rosácea cuando hay mucho calor. Adicional a estos factores desencadenantes primarios, puede aparecer por:

  • Tipo de piel.
  • Edad y sexo.
  • Alteraciones hormonales, incluyendo la menopausia.
  • Alimentación estimulante.
  • Cambios de temperatura bruscos.
  • Exposición al viento.
  • Estrés o emociones fuertes en personas susceptibles de padecer de rosácea.
  • Algunos fármacos como los de control de la presión arterial, al dilatar los vasos sanguíneos.
  • Prácticas deportivas intensas.
  • Ingesta excesiva de vino tinto y otras bebidas alcohólicas.
  • Consumo de bebidas calientes/picantes.
  • Algunos productos de higiene y cuidado personal, como cosméticos para la piel o cabello, etc.

Principales síntomas de la rosácea

Por lo general, las personas que presentan rosácea tienen algunos eventos precedentes de enrojecimiento en partes o toda la cara, como rubores inexplicables o incremento de temperatura en la misma, a consecuencia de estímulos por líquidos muy calientes o alcohol.

La rosácea, como patología, presenta multiplicidad de síntomas, donde el más frecuente es justamente un exceso de color rosado en la cara, con ligeras inflamaciones y ardor, según su grado de afectación. A estos rasgos habituales, se suman los siguientes:

  • Enrojecimiento continúo con granos similares a acné crónico purulento. 
  • Líneas rojizas y finas debajo de la piel, en razón del agrandamiento de los vasos sanguíneos de la piel.
  • Afectación de otras áreas del rostro, como ojos, párpados o nariz, con una inflamación notoria.
  • Piel gruesa o más dura de lo habitual en la frente, barbilla, mejillas u otras zonas, es una clara señal de rosácea.
  • Inflamación y ardor en la cara o área afectada, acompañada de calor y sensibilidad.
  • Sequedad en ojos y párpados, además de irritados e inflamados, conocido como rosácea ocular. 
  • Nariz engrandecida, esto ocurre por rosácea frecuente, lo que engrosa la piel, con la sensación de bulbos sobre ella (rinofima). En mayor medida, este rasgo se evidencia en hombres.

¿Cómo se trata la rosácea?

Como bien se indicó, la rosácea no tiene un tratamiento que la cure, pero si es controlable y mejorable con ciertos compuestos que mitigan sus efectos:

  • Tópicos: gel o crema de Metronidazol, además de protector solar diario.
  • Sistémicos: se trata de algunos antibióticos como miniciclina o doxiciclina, tetraciclinas, isotetrinoína oral, ivermectina.
  • Rinofima: aplicación de láser CO2.
  • Telangiectasias: luz pulsada intensa (IPL) y láseres vasculares.
  • Cosméticos: ácido azelaico en gel, indicado para la rosácea.

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